Los 100 de Blanca

 

Frase: “En la calle nos debíamos quitar el sombrero cuando pasan los ancianos” José Martí

Juro que habla como los pueblos antiguos, en frases cortas, con grandes palabras, y es que la voz de los ancianos tiene algo de los otros mundos, algo de religioso, de paz no humana, de revelación como nos enseñó Martí.
Así encontré a Blanca Torres Mitjáns, una mujer delgada, que este 26 de agosto arribó con gracia y elegancia a sus ¡100 años!. Un onomástico para celebrar y un momento para agradecer a la vida la oportunidad de haber vivido tanto.
Sentí cuando la conocí que nos volveríamos a encontrar, quizás dentro de un quinquenio, tal vez dentro de una década, y es que su espíritu juvenil, alegre, entusiasta no presagia otra cosa.
Se presentó con una gracia sui generis, asegurando que jamás pensó que llegaría a cumplir 100 años, pero bueno “la vida ha sido generosa conmigo y ya ve, aquí estoy”, dice en tanto regala una carcajada inmensa.
Reconoce no saber dónde está el misterio, pues aunque es un mal ejemplo fumar “lo hago desde que era niña, mi hermana y yo nos íbamos para el monte a hacerlo porque sino mamá nos daba golpe”, asegura Blanca, mientras intenta que la hija le permita fumarse un “cigarrito”.
Jamás se ha enfermando, ni aún cuando hace poco se cayó en las escaleras y la llevaron al médico, “le hicieron placa y análisis de todo tipo y mamá está divina”, expresa orgullosa su hija Francis.
Nacida en el kilómetro11 de la carretera a La Coloma, hace más de 50 años que vive en la calle Francisco Donatién, en la Alameda, en el municipio cabecera. Allí la acompañan una nieta, su esposo y una bisnieta, pero tiene siempre la atención de los cuatro hijos que le quedan vivos, pues “yo tuve 15 vástagos, pero lo otros se me murieron, imagínate mi hijita”, dice con pesar Blanca.
Sus cabelleras limpias hablan muy bien y sus ojos miran con un cariño que delatan el vigor que tiene, un brío que reta a Carlos Manuel nuestro chofer a “tirar un pasillo”, porque si algo hace Blanca todavía es que baila y mueve sus piernas con la facilidad de un acróbata.
A veces pienso que sí, que ha tenido que ser equilibrista para desafiar las durezas de la vida y no perder la ternura de su corazón, pues tuvo que trabajar en escogidas de tabaco para garantizar sustento a su familia, sufrir pérdidas irreparables y echar para adelante como toda buen cubana.
De ocho hermanos queda solo ella, pero encuentra una paz de remanso en los 13 nietos y más de 20 bisnietos que la complacen con amor, como el obsequio de llevarla a comer el pasado martes a la Paladar de Herradura. Las razones cuando inquirí sobre este deseo me dijo de manera espontánea: “El que pide, pide bueno y quiero cochino asado”, mientras no dejaba de sonreír.
Sobre la educación actual dice que siente que se ha perdido mucho, “antes enseñaban a los niños a querer, a respetar, ahora es distinto, si das una queja a alguien sobre su hijo lo ven mal y eso no puede ser, hay que educar a los niños en mejores cosas”, expuso Blanca con una serenidad envidiable.
Para sus vecinos tiene palabras de elogio, los considera una extensión de la familia porque son muchos años viviendo cerca y “yo le hago un favor a cualquiera, pero no estoy metida en la casa de nadie”, puntualizó esta anciana que a decir verdad no aparenta el siglo que ya disfruta.
Es un ejemplo de serenidad, parece una domadora de fieras y mientras la miro pienso como el Maestro mayor: “¿Cuán bueno ha de haber sido el que llega a esos años altos sonriendo?”.
Blanca llegó a los 100 y me dijo que iba por más. Enhorabuena.

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Génesis

No hacen falta alas,  para hacer un sueño, basta con las manos, basta con el pecho, basta con las piernas y con el empeño, es una convocatoria que aprendí del trovador, y hoy 15 de marzo- fecha  importante para la  Historia de Cuba, quienes la conocen saben por qué- se me antoja caprichosa para empezar un mundo que, reconozco, debía haber desandado tiempos atrás, pero como nunca es tarde, aquí estoy en el Ciberespacio, tratando de hacer de este también mi pequeño universo.

Habernos reunido en Vueltabajo hoy sábado un grupo de bloqueros del Occidente de la Isla, escuchar las ideas que modestamente expusieron y sentir en lo profundo de mí, que era el momento de dedicar horas a contribuir me  conllevaron a dialogar con WordPress, y así sin conocimientos teóricos ni cursos sobre páginas personales, empiezo a dar mis primeros pasos.

Sé que tendré que afincar  los pies, porque muchos son los que hacen de este medio la manera de gestionar contenidos. No espero más que el saberme parte de una blogosfera que me enseñó hace una semana cuántas cosas lindas pueden hacerse amén de criterios, puntos de vistas y situaciones diferentes.

Estoy segura que el tiempo que invierta no será en vano, por eso desde hoy veo el mundo desde mi Quinto Piso, ese balcón que me señala que no solo un catalejo es el medio para observar qué se esconde más allá de nuestras miradas. Enhorabuena sea mi génesis.